“Tengo que ser siempre el mejor, mejor que nadie más”

¿Cómo están, queridos bibliotecarios? En esta ocasión quiero compartir algunos datos que ignoraban de mí: soy docente, casado, padre de 37 años y maestro Pokémon de nivel 26. Sí, maestro Pokémon, o al menos en camino a serlo. Debo reconocer que el juego Pokémon Go me atrapó en definitiva: revivir una antigua fantasía de la niñez fue subyugante al lograr capturar a todos los pokemones, caminar buscando pokeparadas y pertrecharme de los distintos ítems para la cacería. Lo curioso es que este juego, que durante las primeras semanas de lanzamiento fue un éxito más que rotundo (con más de tres millones de descargas en las primeras horas de puesto a disposición), es un hito difícil de repetir: las pruebas fueron las congestiones en La Punta y en los principales parques de Lima, las amanecidas de entrenadores, así como la eterna lucha entre el jugador lego y los que abusan de la tecnología, llamados «gokus» o «flys».

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Pero la parte seria del asunto viene a continuación (siempre debe haber una parte seria): en su lanzamiento, las edades de los jugadores oscilaban entre los 11 a los 40 años. Como buen maestro Pokémon, la comunicación con otros maestros es importante, por lo que me uní al grupo Pokémon Go Comunidad Perú en Facebook. Sin embargo, después de medio año desde el lanzamiento, el grueso de la población de jugadores pasó a concentrarse entre los 20 a 35 años; es decir, ¿qué pasó con la enorme cantidad de adolescentes que jugaban? Aquí viene la parte seria: una de las características de este juego es la gran cantidad de experiencia que se necesita para avanzar de nivel; mientras mayor nivel tengas mayor cantidad de experiencia. Por ende, estamos ante un fenómeno preocupante: ¿qué pasa con los jóvenes adolescentes que no son capaces de sostener un esfuerzo como este? La constancia y la perseverancia en muchos aspectos se diluye en la tecnología; de allí que los estudiantes no terminen los estudios, se cambien de carrera más de una vez, no se comprometan sentimentalmente y sean arrastrados por cualquier moda ideológica que salga. ¿Qué diferencia a nuestra generación de la actual? Para mí la respuesta es sencilla: la cantidad de libros que consumíamos es un factor importante. Debíamos trasladarnos a verdaderas bibliotecas para investigar y eso era un gran esfuerzo; ahora hay mayores recursos pero menos esfuerzo. Es increíble cómo un juego nos permite discurrir sobre un tema tan serio que como adultos debemos enfrentar y, sobre todo, apoyar a estas nuevas generaciones de peruanos, con el fin de obtener esa sociedad libre de corrupción, con verdadera inclusión y respeto. Nos leemos, hasta una próxima oportunidad si Dios lo permite.

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Renzo Navarrete

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