La desconocida historia de Franz Kafka y la muñeca

A mediados de los 20, se encontraba uno de los mejores escritores de la literaturakafka2 universal, Franz Kafka, con su esposa caminando en un parque en Alemania cuando se encontraron con una pequeña que lloraba desconsoladamente. Ambos preocupados por la situación de la pequeña, se acercaron a preguntarle el porqué de su desgarrador llanto, a lo que esta les respondió, Mi muñeca se perdió y no sé dónde está. Franz Kafka, ante una extrañísima mirada de su mujer, respondió, Tu muñeca no está perdida; ella se fue de viaje. Me lo contó en una carta. La niña, muy ansiosa de saber más sobre la carta, pidió leerla, a lo que Kafka se comprometió a traerla al día siguiente, ya que la había olvidado en casa.

Apenas la pareja llegó a su morada, inició una tortuosa actividad para Kafka: escribir. Cuenta Dora Diamant, una de las esposas de Kafka, que él sufría cuando escribía. El simple hecho de sentarse en el escritorio y usar la máquina de escribir o coger la pluma le traía un malestar que pocas personas podían imaginar. Y en este caso, así se tratara de una carta imaginaria para una pequeña, la tortura era la misma.

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Al día siguiente, los tres se encontraron en el parque y la niña por fin se enteró de que su muñeca había extrañado mucho a su madre y, por ello, emprendió una larga travesía para poder estar a su lado. La niña, con sentimientos encontrados al saber de su muñeca, pero no poder tenerla a su lado, le preguntó al escritor si esta le volvería a escribir, a lo que Kafka respondió, Si vienes la próxima semana te daré la siguiente carta de tu muñeca.

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Y así comenzó una de las relaciones más inspiradoras de la literatura. Con cierta frecuencia Kafka escribía para la niña, que recibía feliz las misivas de su compañera. Se presume que fueron en total unas 20 cartas, cuyo fin llegó con la sorpresa de la boda de la muñeca, por lo que sería imposible que estas se pudieran volver a encontrar.

Muchos estudiosos han intentado encontrar a esta misteriosa niña para tener muestras fidedignas de la existencia de las cartas; sin embargo, estos esfuerzos han sido, hasta el momento, en vano. Cuéntanos, lector, ¿le hubieras escrito a la niña?

 

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