La honestidad de la noche

Escrito por Renato Huari

Había esperado con ánimos la llegada de mi buen amigo Omar; era una situación que podía controlar el que no esté conmigo, mas era inevitable no añorar las conversaciones sin sentido que solemos tener. Le pedí una de esas gorras que adornan la cabeza como si estuviéramos en invierno, pero era claro que solo era por puro capricho, aun así obtuve lo que quise, no tardé mucho en ponérmela, y me quedó como yo quería que me quede. Sin más líneas carentes de importancia, vamos a lo que realmente importa.

Al salir esa noche tuve la oportunidad de ver un trágico final de amor, desconsoladamente quise con mucho atrevimiento seguir a aquella mujer que aun derrochada de lágrimas se veía tan digna de ser querida. Al llegar a su casa se detuvo de repente en la puerta y miró a su alrededor  como si quisiera una oportunidad más antes de que terminara la noche, no pasaron muchos minutos hasta que camino paralelo a casa e intencionalmente arrojé mis llaves hacia su jardín, pretendiendo sacar unas monedas que también eché a perder intencionalmente, sentí nervios de seguir frente aquella mujer, aunque ni siquiera habían pasado diez segundos, hasta que con voz poca melodiosa le dije…”discúlpeme, no puedo encontrar mis llaves”, no pude llamar su atención, ya que aquella emoción de su trágico fin amoroso era mucho mayor a mis deterioradas palabras sobre la pérdida de mis llaves. Ya no sabía qué más decir, así que en mi desesperado intento por obtener una mirada suya, me quité mi adorado sombrero y le dije en simples comillas…”no esté triste, usted, el pasado es solo un prólogo, y el futuro solo un amanecer”. Claro está que me acorde de Shakespeare, a partir de la primera coma fue fallido invento, bajo una presión por querer tener una historia que contar de esa noche; me retiré con mis llaves resonando y alcancé a oír su voz decir, “eres de esos poetas a quien no les quiero hablar por llevar la realidad de sus palabras a una mera fantasía de falso cariño y breve felicidad”. Por supuesto jamás esperé esa respuesta de un corazón desdichado, sin embargo ya había pasado mi momento de esperanza y solo opté por ponerme nuevamente mi gorra. A la noche siguiente quise recrear el momento del despido, misma hora y lugar, pero fue en vano; no concluí jamás mi discurso si en caso alguna vez la tuviera en frente. Solo pensaba en como reencontrarla, aunque sabía dónde vivía, al parecer no era suficiente para mí, así que toqué su puerta una tarde, ella misma abrió y en un instante le dije:

  • No sé si logras recordarme, pero he vuelto a perder mis llaves en tu jardín.

A lo que ella respondió:

  • Traes la misma gorra de aquella noche, y sí, sí te recuerdo…
  • Vi lo que sucedió por mera causalidad esa noche entre tú y aquel hombre, pero no fue casualidad haberme quedado a oír el desenlace…
  • ¿Y qué fue lo que oíste?, preguntó con voz impaciente…
  • Que solo decías que tanto tú como él son un mismo corazón, cosa que me pareció algo curioso y simple, pero eso no es de mi incumbencia.
  • Entre risas dijo… aunque yo haya cometido un error, es probable que también digas que es la primera vez que te quitas el sombrero ante una mujer para conquistar su atención, lo que es una mentira…

No tuve más reparo en creer que había sido un error en venir aquí, así que le pregunté antes de irme:

  • ¿Por qué lo engañó?
  • Tuve un romance bajo los efectos del alcohol, aunque yo no llamaría romance a eso, pero recuerdo que fue tan excitante.
  • ¿Y cómo se enteró?
  • Yo se lo dije. Era poner a prueba mi honestidad o revelarle lo miserable que puedo llegar a ser a veces. Así que… puede imaginarse el resto…
  • No logro entenderla.

Después de uno segundos, perdí más que un amor, aquella noche perdí la confianza en mis sentidos. Llegué a mi habitación y escribí una carta para mi novia, que en ella decía, “tengo que probarme a mí mismo que puedo ser un hombre honesto, me he acostado con otra mujer”. Pasado los días, dejé mi gorra en la puerta de aquella casa donde vivía ella. Era una copia exacta de la carta que le envié a mi novia y un papel aparte que decía, “también soy honesto, ¿Quisiera salir conmigo?”

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