Ocho años sin Blanca

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Como están queridos bibliotecarios, en esta oportunidad, con mucha pena me he percatado que ya se van a cumplir 8 años de la terrible partida de la gran Blanca Varela, para mí y muchos otros, la gran poetisa del Perú.

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Blanca Varela irrumpió en mi vida una tarde de otoño del 2000, y digo irrumpió pues la conocí un poco violentamente, era una de esas tardes de gran aburrimiento, cuando uno necesita emociones fuertes, así que decidí autocastigar mis sentidos con unos voltios de Alejandra Pizarnik, así que ingresé a mi destartalada computadora y escribí poetisas sudamericanas, fue una suerte ya que si hubiera escrito el nombre directamente tal vez el encuentro no se hubiera dado. De esta manera en una antología, la colisión sucedió y Canto Villano se atravesó en mi historia, fue KO al más puro estilo de la UFC, a partir de ese momento me volví incondicional admirador de esta maravillosa mujer peruana, creadora de una poesía utérica y desgarrada así como bucólica y tierna; nunca antes una antología poética causó tantos buenos estragos. Al conocer más a esta maravillosa mujer, me alegré con cada encuentro que marcó su historia, desde la genial anécdota del título de su primer poemario con Octavio Paz, cuando el maestro le pregunta a una  sonrosada Blanca, muy joven ella, ¿Qué es puerto Supe? A lo que ella le dice es mi tierra, además “Ese puerto existe” a lo que Paz respondió ¿Ese, ese es el título? Y así fue, se publicó en México “Ese puerto existe” (1959).

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Octavio Paz escribió sobre su obra: “Blanca Varela es una poeta que no se complace con su canto. Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el amor, el tiempo y la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia“.

Su matrimonio con el genial Fernando de Szyszlo complementó su ser mujer, se convirtió en madre y su poesía evoluciona, la vida le arranca en un trágico accidente a su hijo y su poesía vuelve a mutar, se desgarra, se oscurece, se vuelve más íntima, potente y metafísica.

“Ser poeta era ser bohemio, ser borrachito, no servir para nada. Y el poeta no es eso, es un ser humano como cualquier otro que además canta y sueña un poco, que además tiene un hogar donde se retira y donde habla de otra manera, pero no es diferente a los demás. Puede trabajar ferozmente y puede ganarse su pan de todos los días”. Blanca Varela.

Así es queridos bibliotecarios los invito a sumergirse en las impetuosas letras de Blanca Varela para que descubras cuan magro es el trozo de celeste cerdo en tu mesa vacía.

Renzo Navarrete

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