Fiesta de Sangre, in Memoriam

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Queridos bibliotecarios, en esta oportunidad quiero comentar la obra Yawar fiesta del genial escritor peruano José María Arguedas. Para que puedan entender el maravilloso mundo narrativo de Arguedas, recordemos que José María fue un niño con un sino trágico: huérfano de madre, condenado al «ostracismo indio» por parte de su madrastra, la que —sin saberlo— le regala esa particular idiosincrasia que el maestro José María Arguedas le imprime a sus obras.

Yawar fiesta o «fiesta de sangre» es, para mi humilde entender, tal vez la mejor obra indigenista de Arguedas, superior a Todas las sangres, pues no solo denuncia el contexto social de los indios en el Perú, sino que sincretiza los dos mundos paralelos que rodean a Arguedas; es más, me aventuro a afirmar que Yawar fiesta es, desde el título y el contexto general una obra directa, fuerte y comprometida, pues la fiesta en sí misma es una clara alegoría del nuevo «ser indio», aquel que sabe que es diferente y que aquella diferencia no lo hace menos, pero que reconoce que tiene un sistema que lo considera casi un animal. La imagen del cóndor, ave endémica de los andes suramericanos, símbolo de nuestra serranía, se enfrenta en una lucha desigual encaramado al lomo de un terrible toro salvaje de las abras serranas. Recordemos que los toros fueron traídos por los españoles: es en esta lucha que se refleja el sentir del ande, pues obviamente el cóndor no busca ni espera ganar. Los pobladores buscan la sobrevivencia del animal para que así se produzca en la zona una buena cosecha, pues, si el cóndor muere —es decir, si el «MISITÚ» o toro de lidia vence—, las cosechas serán terribles.

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José María Arguedas.

Sin embargo, la denuncia principal está en la prohibición por parte de las autoridades,los llamados «Mistis», blancos costeños, de la forma tradicional en la que el «Yawar fiesta» se celebra, pues los indios ebrios de cañazo no dudaban en saltar delante del toro, llegando incluso a morir destripados. La prohibición impide a los indios de los cuatro ayllus —Pichk’achuri, K’ayau, K’ollana y Chaupi— participar como capeadores, poniendo en su lugar a un torero costeño: otro claro ejemplo de la agresiva alienación a la que eran sometidos los indios por las autoridades blancas. No obstante, los sucesos no ocurrieron tal y como lo habían previsto los Mistis, pues los comuneros ingresan al coso construido con sus mismas manos para enfrentarse al toro. Bien, amigos, espero que puedan tener en sus manos esta genial obra de Arguedas, pues en mi pequeño relato las emociones quedan cortas. Nos vemos hasta la próxima.

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