El amor en los tiempos de las redes sociales

Entré a Starbucks sin saber qué pensar. Lo buscaba en todas las mesas y no daba con él. ¿Y si se había ido? ¿Si se cansó de esperar? No, ahí estaba él, en la última mesa con un café en las manos tarareando una canción triste de Bublé. Home creo que se llamaba, me pareció simpática cuando la escuché, pero dudo mucho que lo vuelva a hacer.

Nuestro saludo fue muy frío, pero me preparó para la avalancha que vendríadespués. Al principio no entendía bien el porqué, pero poco a poco ,y con mucha tranquilidad, como si tuviera total control, me explicó todo. Mi carácter, mi impuntualidad, mi teléfono, mi manía por preocuparme… Absolutamente todo, todo lo que un día dijo que amaba, ahora, repentinamente odiaba y agobiaba.

Hace dos semanas cumplimos 1 año de relación y no encontré mejor regalo que irnos a Colombia, nuestro destino de ensueño. Estuvimos 4 días allá, en una habitación con vista al mar, y después de hacer el amor, en todas las poses que quería, no paraba de decir lo mucho que me amaba y la infinidad de cosas que vendrían. ¿En algún momento mencionó que pensaba terminar la relación? Creo que se olvidó tan sutil detalle.

Llegué a mi departamento -destruida, hecha trizas, desmoralizada- con muchos deseos de dormir y despertar como si el tiempo hubiera omitido uno de los mejores años de mi vida.  El solo pensar en borrar las fotos de Facebook, de Twitter y bloquearlo de Whatsapp me provocaba un dolor terrible de cabeza. Un dolor muy fuerte, pero no tan fuerte como el dolor que sentía en el corazón; una presión en el pecho que me quitaba las fuerzas. No quería comer, no podía dormir. Soñaba a diario con él y me enfurecía pensar con cuál de sus putísimas amigas estaba ahora; tan putísimas que esperan estar ebrias para intentar besarlo.

Al cabo de un par de días, mis amigas solo hablaban de la nueva temporada de Orange is the New Black. ¿Eran tan estúpidas que no se daban cuenta de mi estado? ¿Podían respetar a esta humilde ser humana en su lucha contra la demencia emocional? Ellas no pararían y bien lo decía una de ellas: “Si no puedes con el enemigo, únetele”. Prendí la laptop, que no usaba desde el día en que terminamos, y lo primero que vi fue una gran foto de nosotros que nos tomamos en el cine cuando se estrenó Harry Potter y las reliquias de la muerte parte 2. Inmediatamente recordé todo lo que pasó ese día. Él golpeó a un chico que intentó faltarme el respeto y pasado el pleito, cuando llegamos a la casa de sus padres, hicimos el amor en el balcón sin pensar en que alguien podía escucharnos o, peor aún, vernos. Sí, estaba muy triste. Eliminé rápidamente la foto y antes de ver la maldita serie debía eliminar las fotos y todo lo que me recordara a él.

Cuando me comenzaba a sentir mejor viendo lo horrible que estaba vestida mi ex cuñada en unas fotos,  Facebook me hizo recordar que un día como hoy, cuando aún éramos amigos, él me había llevado un ramo de flores a mi trabajo, haciéndome la chica más envidiada de la oficina. Él no era el chico más guapo del Universo, pero su personalidad, su sonrisa, su sentido del humor, su forma de enamorarme todos los días… Todas me envidiaban.

No podía borrar las fotos, decidí bloquear mi cuenta un tiempo. Lo necesario hasta sentirme bien. Nadie podía ubicarme ni por Facebook ni por Twitter. ¿Sabrá él lo mal que estoy? Ahora ya no importa. Lo mínimo que debía hacer era comunicar a mis amigas vía Whatsapp que estaba bloqueando mi cuenta y que no vayan a pensar que las bloquee a ellas. La aplicación de Whataspp se abrió y cuando estaba a punto de buscar a mi mejor amiga, vi que él cambió de foto de perfil. Se veía radiante. Se había afeitado el bigote y salía feliz con una chica que jamás había visto en mi vida. ¿Será su nueva conquista? No sé quién sea, solo sé que estoy peor que ayer. Lo único que atiné a hacer es lanzar muy fuerte mi obsoleto celular contra la pared y tirarme a la cama a intentar dormir para no llorar.

Fueron 3 meses para el olvido… Él intentó contactarme, aún no sé para qué. Fue a mi departamento, pero era muy tarde, ya me había mudado. Vivir sola era terrible y lo entendí después de interminables conversaciones con mi pared y mi almohada. Viví con mis padres y, gracias a ellos, pude recuperarme de mi primera gran decepción amorosa. Hoy en día dejé de lado todo lo malo que pasamos y solo guardo los bonitos recuerdos.

Antes de sacar mis cosas del departamento, cuando todavía vivía pensando en él, lo llamé a su celular una última vez y no respondió. Vi su perfil de Facebook, por última vez, y su última publicación era una canción bastante linda; yo sabía que el dolor, tarde o temprano, iba a pasar. Las redes sociales son útiles en muchos aspectos de nuestras vidas, en especial en el ámbito social, pero de verdad, y lo digo muy en serio, son un peligro cuando estás con el corazón roto.

Esta fue la canción que vi en su perfil.

*Historia basada en un hecho de la vida real. Nos abstenemos de poner nombres para ocultar la identidad de los afectados.

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