Historias en el Bus II

El día de hoy hay pocos buses. Algunos dicen que es por la marcha que habrá en el centro contra la candidata a la presidencia Keiko Fujimori; yo no creo que esa sea la verdadera razón. Desde hace varias semanas, he notado un complot contra la reforma del transporte en Lima. Lo peor de la situación es que el complot es por parte de las autoridades y de gran parte de los conductores del servicio público. Me cuesta creer que nuestro Alcalde se oponga al avance y a un correcto ordenamiento vehicular; de todo corazón, y sin malicia política de trasfondo, espero que sea un breve retroceso para retomar la reforma con más fuerza. Por otro lado, gran parte de los choferes no desean reformas alguna, ya que gran parte de la sociedad está acostumbrada a lo informal y -lamentablemente- prefieren trabajar en lo informal para obtener mayores ingresos que trabajar en regla y ganar unos soles menos.  Pese a ello, somos conscientes que la informalidad genera más informalidad que al corto plazo termina generando una ola de atrocidades que desencadenan en actitudes pestilentas como la corrupción.

Logré subir rápidamente a un bus, pero lamentablemente tenía que hacer una parada más a la habitual. Siempre suelo ir tranquilo mientras viajo, ya que no suelo cargar mucho dinero y solo ando con un celular antiguo que no estoy dispuesto a cambiar. El chofer recogió a dos jóvenes en un paradero prohibido que tenían un aspecto bastante desagradable. No quiero sonar prejuicioso, pero más vale prevenir que lamentar. Dejé mi lectura de lado y apreté fuerte mi mochila. Al cabo de unos minutos, uno de ellos bajó del auto y le arrebató un celular a una joven ubicada en la parte delantera. Mientras todos veían el espectáculo del celular robado; el otro joven aprovechaba la oportunidad para arrebatarle la cartera a una señora. Lo curioso del hecho fue una de las personas sentadas cerca al conductor se percató que uno de los jóvenes lo había saludado y este lo tildó de ser cómplice. Se formó una trifulca entre los pasajeros y el conductor del bus que decidí terminarla llamando a la policía.

Habían pasado 15 minutos y el policía no era capaz de solucionar el problema. Asimismo, era muy improbable que retomáramos la ruta; por ello, y en vista de que estaba con la hora, decidí tomar un taxi para llegar a la Universidad.

Cuando pensaba en si esta columna sería viable, me preocupaba que no tuviera historias que contar; sin embargo, cada vez estoy más convencido de que estamos viviendo en un país con tal nivel de inseguridad y desamparo que es un honor poder regresar a casa sano y salvo.

 

 

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