Crítica “En el barrio”

Es complicado romper esa amalgama que se genera entorno al cine, debido a la oscuridad de la sala, el audio que parece envolver al espectador y las imágenes enormes, que en ocasiones hacen formar parte de ella. Y ahí estamos todos, expectantes, atónitos en la butaca que parece hundirse. (Las salas de cine tienen una suma de elementos que mejoran la experiencia al ver una película).

Si bien el teatro también tiene esa suma, la experiencia es mejor; y más si ella se le suma tan buenos actores como los son el elenco de la obra En el barrio, dirigida por Bruno Ascenzo.

Hay un espacio en el centro comercial Plaza Norte, donde existe un barrio de Nueva York con emigrantes latinos, personajes con historias entrelazadas. Dicho vecindario no es solo el escenario en escena, sino toda la sala del teatro. Los vecinos no solo están en el escenario, sino cada espectador sentado en la butaca, expectante, inquieto con la obra.

Los personajes son actores con trayectoria, manejan las gestualidades de una manera increíble, manejan nuestras sensaciones a lo largo de la obra. Poseen una manera tan definida al momento de representar una emoción, de cantar, bailar… Hasta improvisar ciertas partes que lucen como equivocaciones. Eso solo lo logra una trayectoria de la mano con arduos ensayos. Bruno Ascenzo comenta en una entrevista a El Comercio que el escenario se armó en un mes y la obra se vino  ensayando desde tres meses, todos los días. Es un claro esfuerzo por brindarle al público un espectáculo de calidad.

Algo que pasa muchas veces desapercibido es el estilo. Como lo definiría Hemingway, “A lo que llaman estilo minimalista no es más que un error que cometo al momento de escribir”. El estilo es lo que caracteriza a todo artista y (casi todo) elenco lo posee.

Algo que a menudo pasa desapercibido es los bailarines que se movían por todo el escenario. Hubo momentos donde los sentía bailar al costado de mi butaca, cantar y moverse. Los espectadores embaucados con la vida de los personajes parecían desinflarse en sus butacas ante algún desenlace perteneciente algún personaje, que mediante el canto y el baile parecían interactuar más de cerca con uno.

Algo que paso desapercibido, y de no ser por los mismos actores que al final alzaron las manos hacia el segundo piso de las casas armadas en el escenario, no me hubiera dado cuenta que la música era en vivo. Vi como toda una orquesta estaba escondida. La música que los acompañaba era interpretada de tal manera que parecía ser alguna grabación, manejado por alguien.

No hubo ninguna desafinación. No hubo errores, y si los hubo, la interpretación fue de tal manera que pasaron desapercibido.

Ahora, estimado lector, te preguntarás que seguramente hay una exageración en la crítica, pues si piensas así es seguro que no has visto la obra aún, y aquí, en LBH, te invitamos a verla.

En el barrio es una obra con una trama que en una primera impresión no es de mi agrado, tengo que confesar, pero cuando entre a ver la obra, y salí, supe que había estado en Estados Unidos, compartiendo la experiencia de emigrantes ante las adversidad que es vivir en un país que no es el tuyo.

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