La figura detrás de la canción o la canción detrás de la ternura

Hola amigos bibliotecarios, hace algunos días, llegó a mis manos un libro que hace mucho quería releer y que gracias a Tiffani Cabrera, una de mis alumnas, tuve el placer de que cayera en nuevamente en mis manos, se trata de “Las canciones de “Rinono y Papagil” de Luis del Valle Goicochea, poemario íntimo, tierno, con imágenes entrañables y personajes que se mezclan con tus recuerdos de tal manera que parecieran parte de tu vida.

Rinono cantaba todas las mañanas
en los árboles del frente.
No tenía lindos colores: era oscuro pero
         bueno.
La Rarra lo llegó a querer
y como nosotros lo quería.
Pobre pajarito: una tarde
le contó un cuento no sé quién.
Rinono voló por donde quedan
los eucaliptus del Tingo.
Y desde entonces no volvió jamás.
Nos queríamos, el pajarito y nosotros:
así: él en su árbol, nosotros en la casa.
Toda la tarde hemos llorado con la Rarra.
Rinono ya no volverá.

 

Luis del Valle Goicoechea es considerado como el primer autor de literatura infantil y juvenil del Perú, el año pasado en una conversación con el maestro Jorge Eslava, durante el diplomado en literatura infantil y juvenil, auspiciado por la Academia Peruana de la Lengua, coincidíamos en que la figura de Luis del Valle, al menos la plasmada en sus escritos, era una figurilla tierna, que causaba ese extraño sentimiento de conexión humana, ese sentimiento que tanto necesitamos hoy en día, donde necesitamos urgentemente conectarnos con nuestros semejantes; es curioso que en una era como esta, donde la tecnología para conectarnos nos hace estar cada vez más solos, triste alegoría de este siglo.

 

Porque una noche que llovía te preocupaste
conmigo
de un nido que la tala dejó al sereno…
Porque cuando eras chiquita te cargó
la Rarra…
Porque nos miramos juntos en los ojazos
de la vaca pintada.
Porque mamá es tu mamá…
¿Te acuerdas?
Sabíamos que los jilgueros jugaban
en los árboles cercanos
y entonces la Rarra nos llamaba a mirar
los últimos pollitos…
¿Te acuerdas? Estabas conmigo
cuando murió mi corderito y para consolarme
me ofreció otro Rosalía…
Me preocupa hoy que estamos lejos
la pared torcida de la casa vieja…

Así pues amigos bibliotecarios, les invito, es más, les conmino a leer y buscar estas letras en este tiempo donde la sensación de ternura y amor intenta sobreponerse al consumismo salvaje, para que al menos por unas horas podamos alimentar al niño tierno que todos llevamos dentro.

Renzo Navarrete Mier y Terán

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