Cuautémoc, primero ayúdate y después ayúdanos

Esperanzador. Desgarrador. Me elevó en una cierta primavera. Me vine abajo al terminar de leer el libro. Recuerdo la avidez con la que devoré, dejándome embaucar por José Carlos, Sheccid  y aquellas promesas de amor que eran parte de la ficción; como toda verdad… Me alcanzó al enterarme de que todo era una mentira y…