A los 15 lo aprendí

Queridos amigos de la biblioteca de Hemingway, hoy quería discurrir sobre un libro muy interesante para mí, ya que marcó mi juventud con tinta indeleble. Para los que no lo sepan, quien le escribe es docente en la especialidad de lengua y literatura, alguna vez, durante clases comenté con un grupo de estudiantes, que yo había aprendido a leer recién a los 15 años; la reacción general fue casi como si algún petardero criminal hubiese colocado una tonelada de dinamita con anfo, los rostros increíblemente crispados se preguntaban al unísono ¿recién a los quince? ¿Y así nos está enseñando?; casi podía leer estas preguntas en sus núbiles cabezas, así que pase a la explicación triunfal de mi expresión. Sí aprendí a leer a los quince años con “El Principito” de Antoine de Saint Exuperi, el porqué de esta aseveración se las comento, mi afirmación tácita se fundamenta en algo que la experiencia me ha enseñado, recién se aprende a leer a esa edad, claro está que desde los 3 años ya interpretaba grafías y podía asociarlas a elementos semióticos; veía una cartel rojo inmenso con una franja blanca cruzando el centro del mismo, yo inmediatamente decía “Coca Cola”, lo cual inflamaba de orgullo de a mis padres que decían con cariño “ya sabe leer”; técnicamente falso a propósito. Bueno, no pienso discurrir más en esta anécdota y regreso al caudal principal, “El Principito” para mí, fue una obra experimental, fuerte, ágil y directa, me mostró planeta a planeta la verdadera esencia del “Ser”, casi una concepción axiológica de cómo ver a la humanidad, pude disfrutar plenamente cada palabra y sentir de los personajes, vivir la inocencia del principito y sufrir con el aviador su lento proceso de trasmutación al desgarrar profundamente cada hebra de su “formalidad”, aprender con “la rosa”,  que lo efímero de la vida es una necesidad ontológica y que obligadamente necesitamos a un “zorro”, que  nos ancle a la tierra. Por ello esta pequeña joya recomendable por donde se la mire, claro eso sí, quitándole ese estigma que la tilda como literatura infantil, a mí particularmente, me parece que no es adecuada para niños, la complejidad sicológica mostrada en cada uno de los personajes, la profundidad filosófica de cada uno de los diálogos la hace absolutamente necesaria en la época de la adolescencia y juventud, así que, hoy joven y no tan joven amigo lector, te reto a que te sumerjas una vez más en las páginas de “El Principito”, verás que a la luz de tu propia experiencia personal, experiencia de un solo ojo, disfrutarás de manera diferente este pequeño manjar francés que se sirve a tu mesa.

Escrita por Renzo Navarrete para La Biblioteca de Hemingway.

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