Soy Gay… ¿Y ahora?

Hoy es una mañana fría y triste, uno de esos días que prefieres pasarlo abrigado en cama. Debates en la televisión, en el periódico, el autobús, en el trabajo e incluso en el baño ¿El tema? La homosexualidad en el Perú. Muchos de mis amigos, incluso mis padres, creen que soy gay hace cuatro meses, más o menos, que es cuando les informé mi orientación sexual, pero están equivocados: soy homosexual desde que nací. Tuve 2 enamoradas; no amé a ninguna; no disfruté el sexo; pero sí debo reconocer que nos llevábamos muy bien… como amigos. Mi primer gran amor fue Javier Bardem, el actor español; el primer amor de mi hermano fue Emma Watson; mi mejor amiga siempre fue Catalina Maturana; el mejor amigo de mi hermano siempre fue Josué Miguel De La Cruz, el capitán de la selección de fútbol del colegio; por esta razón, no juzgo a mis padres, porque mi opción sexual fue un golpe para la vida normal que siempre hemos vivido. Éramos 3 hermanos, 2 hombres y 1 mujer; como siempre dice el imbécil de mi tío Juan: “Dos mujercitas y un macho”. Después que todos le celebran la broma estúpida yo estoy con una cara de mierda. ¿A caso debo soportar las pesadas broma de todo imbécil que se entera de mis gustos? Me causa mucha gracia tener que soportar frases como: “No seas marica”; “Qué cabro que eres” o “¿Por qué no usas falda?” “¿Esperan que, porque soy homosexual, me vista de mujer?”

Un tercio de los gays y un cuarto de las lesbianas han pensado alguna vez suicidarse y el 6% ha tratado de hacerlo. ¿Causas? El bullying y el rechazo de la sociedad.

A penas llegué de trabajar, me pasé un par de horas conversando con mi hermano. Abrimos algunas cervezas y, después, el whisky caro que papá adora. Cuando estábamos un poco “sazonados”, me comentó el temor de uno de los amigos cercanos a la familia, que tenía “miedo” de que su pequeño hijo supiera de mi opción sexual, ya que a él no le gustaría que su hijo sea homosexual. Me dio mucha pena saber la posición de aquel persona que consideraba mi amigo, ya que siempre he mantenido un comportamiento correcto y, en comparación con mi hermano, he demostrado ser mucho más maduro y responsable que él; sin embargo, el simple hecho de ser homosexual me está vetando de poder ser un modelo a seguir. Es cínicamente correcto ir por el mundo rompiéndole el corazón a las mujeres, pero es un asco tener una pareja estable del mismo sexo. Después de haber conversado sinceramente y haber derramado algunas lágrimas, hice una pregunta honesta: ¿Qué opinas de mí, de tu hermano, del cabro de la familia? Él, con los ojos llenos de lágrimas, me tomó la mano y dijo: “No eres ningún cabro, tú, mejor que nadie, sabes que te respeto y admiro por todo lo que has pasado y pasas. Las personas juzgan y son muy ligeras para hablar, porque nadie sabe qué es tener a alguien que se siente marginado por el mundo. Si sales a la calle con tu pareja, te miran mal; si se besan, te piden que no lo hagas en público; se oponen a nuestra unión, a nuestro amor, porque interpretan mal un libro que fue escrito hace miles de años y mal traducido. Tú vales mucho más que los insultos que te lanzan los intolerantes”.

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