Ni son ni razón

Hermanos y hermanas, esto no es una batalla, debido a que comenzaría con un nombre y subrayando defectos palpitantes de un cierto hermano putativo. Esto, si es un desquite directo hacía un Empedernido Raquítico Despavorido Neto Advenedizo que por obvias razones su nombre queda en el corazón de este intento híbrido roñoso. No quiero dejar la objetividad, ni la coherencia, empezando este texto: no quiero empezar y haber finalizado simultáneamente;pero es que los marineros me caen relativamente mal. Esos que zarpan a la mar por menos de 24 meses, creyéndose hombres experimentados guiados por un alma universal. Yo soy de tierra. No me han criado así, así me he formado, entre tornados y aguas tórridas. Amo pisar tierra, sentir los firmes granitos de arena sobre mis labios. Obviamente, que cada uno tiene su fuerte y quiero agregar, que se me juzga por no haber zarpado en un barco que nunca estuvo para mí, o, nunca quise coger. ¿Qué si estuvo mal? Pues se me juzgará una tarde flébil del mes de Setiembre, un veinticinco, tal vez. El juicio lo dará esa alma universal que ya he mencionado. Pagaré o no, en su debido tiempo. Esos marineros que han zarpado, pues ellos encantados de la vida, viviendo una felicidad robada, jubilosos de ser dignos representantes de una empresa traficantes de almas. Ahora, no estoy en contra de todo ser que habite en el mar o, haya zarpado a él. Solo no me cae un advenedizo que dice ser marinero, pero no es más que un advenedizo con cuernos y cola, quien se pinta de ser el más gallardo, quien dícese que ha domado el mar y capturado la criatura más hermosa del mar, aire, fuego y tierra: una híbrida… Mi híbrida. Fue hace ocho meses y un día, quizás un poco más, considerando los preparativos que se usó para la captura. Nunca me gustó tenerla amordazada, como acostumbra este sujeto. Ella volaba y se perdía entre las nubes, y los viernes nadaba entre tierra en ese mismo lugar donde le vegetaba poemas y cielos, que ella jocosa se deleitaba. Una tarde de una semana que ha quedado para mi olvido, ella volaba cerca al alma universal, buscando la manera de acercarse. Ya habíamos hablado al respecto, ya me había mencionado su deseo de ser mortal y morir en brazos del universo. Así fue, que observándola de más lejos de lo normal, coincidimos con algunos marineros que habían retornado de México. Al tiempo, ella coincidió con el advenedizo y comía tacos mal preparados. Él tuvo la desfachatez de hablar sobre almas y casualidades universales en mi casa; la miró fijamente y ella en llamas descendió del cielo para posarse sobre mis sentimientos que cultivaba, en dicho momento de mi tiempo; quemó todo y deshizo todo a Diestra y Aniestra. Salí despavorido de la pequeña choza que tenía y no hablé. Desde entonces, no lo he echó, nunca he hablado de nada. Mi voz es un solo relámpago para un corazón advenedizo. Me atine a observarla de lejos, como acariciaba los navíos y ronroneaba para el advenedizo— cosa que ella odia. Estuve así un año relativamente, con ideas sueltas que acariciaba fumando un cigarrillo. Hasta que ella tocó mi puerta, acercó una especie de mano falsa que tenía y la pasó gradualmente por mi cuerpo que parecía levitar.Nos miramos y no hablamos. Pusimos un acuerdo de nunca hablar, ni mencionar al advenedizo. Solo rozarnos en la comodidad de su sofá, con un poema y un café cargado. Segundos después me cansé y hablé, cayeron relámpagos y en una maniobra, exponiendo su verdadera mano, desvió dichos relámpagos e impactaron en mí. Quedé callado, nuevamente. Ella enfurecida salió y voló y se perdió nuevamente entre las nubes, cerca del alma universal. No hablé tres segundos después y ella vino. Esta vez nos besamos como las tantas bocas humanas que lo hacen. Nos sumergimos entre agua y nos escondimos en la nave donde él había zarpado. Era un sentimiento puro, para ella uno roñoso, pero al fin y al cabo, un sentimiento. Para la tarde, ella se alejaba caminando entre sonrisas que desprendía para posarse sobre la tierra que parecía germinar poemas, cuentos y novelas. No hablamos.Solo una vez hablamos. Me dijo que ella tocaba armonías en alguna plazuela de Lima y mencionó que vaya a su casa, que Afrodita le lavaba los trastos y Era le cocinaba; y como un susurro devorado por el viento, oí que decía: “Soy tierra, agua, sol y mil poemas, pues así me han creado. Entonces, besa la tierra y sentirás mis labios, bebe agua para sentir mi alma y estrella mil poemas contra el sol para que sientas mi cuerpo”. Y así lo hice desde entonces. Desde hace dos siglos que no sé nada de ella. Ya va dos siglos y un milenio, con el segundo que pasó. Hace un segundo vi al marinero, sujetando una tercera mano falsa que ella le ofrecía. Ahora que lo escribo, siento cierta lástima y ternura por este sujeto. Ahora que lo pienso… No sé lo que pienso, ni lo que escribo. Es un remolino que empieza en el cerebro y acaba en la alcoba de un gallinero abrillantado, con gallinas cacareando y un zorro observando de lejos. ¿Así de loco estamos Hitler y yo? Y si empezamos con ángeles y acabamos con plumas, de plumas nos vamos a unos labios carmesí y un marinero bordeando una cintura de una criatura, mi criatura… Mi híbrida.

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