Winona y yo

Qué hermosa es cuando duerme, Camilo, me siento como su ángel guardián. Su nombre es Winona, Camilo, no lo olvides por favor, ya que a ninguna persona le gustaría que se olvidaran de su nombre y mucho menos que la confundiesen con otra. Me siento muy contento de estar a su lado: esta sensación es nueva para mí, siempre soñé con este día y al fin llegó. Cuando mis amigos se enteren que tengo a Winona en mi cama se quedarán perplejos, Camilo.  Déjame contarte la historia de cómo llegó Winona a mí, Camilo; es más, debería admitir que es una historia tan romántica como la de Romeo y Julieta…

Todo comenzó un 8 de Abril, un día oscuro y lluvioso. Yo me encontraba en un pequeño café cerca del centro, de esos que tienen un aspecto antiguo, tristón y generalmente se les asocia con los escritores. Estaba leyendo un clásico de la literatura, Don Quijote de la Mancha, mientras bebía un riquísimo café sentado en mi mesa favorita, que era dándole la espalda a todos y mirando la pared con el vinilo de Carlos Santana. Mi lectura estaba fantástica, hasta que una voz conocida gritó mi nombre con mucho entusiasmo. Era la prima de mi doctora, Javiera; una chica muy hermosa, pero con un timbre de voz horrible. Javiera me recordó que tenía una cita en el consultorio de su tía a las 6 de la tarde y que no olvidara de ir. Yo no tenía pensado ir, ya que no necesitaba ninguna doctora, esa tonta idea surgió de mi mamá, nunca toma en cuenta mis opiniones. Ella está muy mal, quiere que me aleje de ti, Camilo, y obviamente, no lo haré. Creo que no le agrada la idea de que seas socialista, pobre mujer, aún no comprende que no todos pensamos igual, en fin… Javiera no estaba sola, ella se encontraba con la chica más hermosa que jamás existió en la tierra: era ella, Camilo, mi amada Winona. La miré con los ojos más tiernos del mundo y aunque ella no me vio en ese momento, debido a que estaba mirando la carta de bebidas. Estoy convencido que si no hubiera sido por esa carta, se enamoraba de mí.

Winona estaba con un vestido azul de lunares blancos, que delineaba su hermosa figura; ella es espigada, con senos grandes y una cabellera negrísima como el café americano que suelo beber. Ella, junto con Javiera, se sentaron en una mesita al lado de la mía y, aunque no las podía mirar a cada instante, yo sentía que Winona me estaba mirando. Me entusiasmé cuando escuché clarísimo que ella le decía a Javiera que se vaya a su casa para que converse conmigo, pero la tonta no quería irse, seguramente también estaba interesada en mí y sentía celos. Las dos pidieron el mismo jugo tropical y conversaron durante 23 minutos y  27 segundos, lo controlé con mi cronómetro. Javiera estaba pagando la cuenta y era más que obvio que esperaba que la pagara yo, pero no lo iba a hacer, porque no quería pagarle nada a esa intrusa y sería muy desagradable que se lo pagara solo a Winona y a ella no, así que preferí no pagar. A penas salieron del establecimiento, me levanté rápidamente para seguirlas, ya que Winona se olvidó de despedirse de mí y no me dejó ni su dirección ni su número de teléfono. Comencé a caminar sigilosamente detrás de ella, para que Javiera no pensara que la sigo, la muchacha está obsesionada conmigo, su voz la tengo grabada en mi cabeza y sinceramente la aborrezco; muy al margen de su horrible voz, ya tengo muchas desde hace años…

Como era de esperar, Javiera se quedó en el consultorio de su tía y Winona, mi amada, siguió caminando, como quien se va para los condominios de West Palm. Yo estaba controlando cuánto tiempo caminaba, Camilo, y también controlaba los pasos que daba, no me quería perder, tú sabes cómo soy. Winona ingresó al departamento número 203 ubicado en el segundo piso, cuya puerta decía Familia Hunt. Pensé rápidamente y habían dos maneras de explicar este problema: Winona era casada o vivía con sus padres. Tenía muchísima curiosidad, porque mi amada había la posibilidad de que ella me estuviera engañando. Todo lo vivido era parte de un juego sucio, solo fui un juguete, un pasatiempo: yo era el amante. Dónde quedaron todos los coqueteos que me lanzó; lamentablemente, no lo podía entender. No podía contener mi ira, así que decidí reclamar lo que por derecho era mío, Camilo, no me juzgues. Estaba seguro de lo que iba a hacer, así que fui a encarar a ese sujeto.

Toqué fuertemente la puerta y abrió un joven con una cabeza calvísima, él me preguntó quién era y yo le dije que era el amante de Winona. El sujeto se sorprendió,  Camilo, le pregunté quién era él y me dijo que era el esposo de Winona; en ese momento, recordé todas las películas de acción que mamá me prohibió ver, pero tú qué opinas Camilo, no podía quedarme con los brazos cruzados. Me lancé sobre el individuo que me quitó el amor de mi amada y le apreté con todas mis fuerzas el cuello. Estaba jugando con la manzana de su cuello intentando empujarla hasta que toque el piso. Cuando dejó de poner resistencia,  tuve una paz increíble y me sentí poderoso, ya que si Dios creaba vida, yo podía quitarla. Quité de mi camino a ese sujeto, Camilo, ahora iba a rescatar a Winona y la llevaría a mi hogar. Ella no me recibió muy bien que digamos, así que la tuve que ajustar, Camilo. Le di un golpe que hizo que se quedara dormidita y la traje para acá. No sé a qué hora se despertará, pero ya va 15 horas y 12 minutos y aún no despierta, pero eso es lo de menos, Camilo, más bien no le vayas a contar nada a nadie, no quiero que piensen que estoy loco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s