La Generación Perdida: Mi generación extraviada.

Si buscamos “Generación Perdida” en Google, podremos encontrar una serie de significados, interesantes y útiles, a lo que respecta a una secta de escritores americanos en París, Francia; sin embargo, lo que me gustaría rescatar, es que no importa la fuente que provenga la información, siempre encontraremos nombres que están grabados en la historia de la literatura universal: Ernest Hemingway, Scott Fitszgerald, Ezra Pound, William Faulkner, Gertrude Stein, John Rodrigo Dos Passos, John Steinbeck, entre otros. Incluso investigando un poco podemos encontrar una famosa frase de la grandísima Gertrude Stein que explica el verdadero motivo de por qué ella le recriminó a Hemingway que su generación estaba perdida. Yo me pregunto, si la talentosa Stein tuvo el valor de decirle a semejantes escritores que su generación estaba perdida, qué le diría a los jóvenes de esta nueva “generación”.

Desde hace ya siete años atrás, tengo una rutina cuasi sagrada en mi vida, que implica salir todos los viernes a buscar, exactamente, 3 películas para poder sobrevivir el fin de semana. Nunca he sido un amante de la vida nocturna ni tampoco un parásito que vive solo y encerrado, pero desde siempre he tenido ese amor hacia el cine, algo que nunca sucedió con la lectura. Desde muy pequeño no leía mucho, sería bastante injusto culpar a mis padres el no inculcarme la lectura como una rutina diaria y sí ir a la misa como rutina dominical; pese a ello, mi interés hacia el cine generaría, por defecto, interés hacia la literatura y al arte. Continuando con la historia, aquel día seleccione mis películas como siempre; sin embargo, nunca imaginé que un par de películas cambiarían el rumbo de mi vida, por más ridículo que pueda sonar. La primera de estas, era una película dirigida por el cineasta americano Phillip Kaufman que tenía como nombre Hemingway y Gellhorn.  Pude reconocer a ese tal “Hemingway” ,cuyos libros me obligaron a leer en la secundaria, así que decidí llevarlo. Las dos restantes serían una comedia romántica de Woody Allen y una de ciencia ficción que no me gustó mucho. Lo curioso de mi compra fue que sin pensarlo, las dos películas que más me agradaron tenían mucho en común, pues en ambas aparecía el mismo personaje: Ernest Hemingway.

La película Hemingway y Gellhorn despertó mi interés por saber qué tan buen escritor era Ernest Hemingway. El primer libro que leí fue “El viejo y el mar”, que ya lo había leído en el curso de Literatura. Al releerlo, lo sentí completamente diferente, ahora entendía muchas cosas y lo veía con otros ojos. Fue tanto mi gusto por aquel libro, que decidí leer otro: “Por quien doblan las campanas”. Automáticamente, mi segundo libro me volvió a atrapar; de esta manera, me inicié en el mundo de la lectura: gracias a una película. Un par de meses después, no solo leía a Hemingway, comencé a leer el periódico y a tener puntos de vista más críticos y ácidos para con actitudes deshonestas, y es que el leer desarrolla una serie de capacidades que dejaba de lado por completo. En mi primer año de lector, sin querer queriendo, ya había leído un aproximado de 15 libros literarios, sin contar los cuentos cortos, los diarios o los poemas que leía. Había desarrollado un hábito muy difícil de romper. Era bastante emocionante como al viajar en bus tenía que llevar sí o sí un libro a mi lado para hacer más “llevadero” el viaje.

Dos años más tarde, una vez concluída la secundaria, tendría que afrontar un reto mucho mayor: la Universidad. Muchas cosas cambiaron para mí. La vida no es de color rosa, cometí muchos errores que me hicieron perder mi objetivo principal, que era ser un profesional correcto y bien formado. Intenté optar por otros caminos, cuyo resultado fue mucho peor. Sentí que todo lo que había avanzado lo había tirado al tacho. Durante todo el trayecto, conocí muchas personas, me enamoré una vez, pero no fue correspondido. Pasé un año fatal y sumamente avergonzado por todo lo que pasé, no sabía qué era lo que tenía que hacer para poder salir de ese pozo en el que me encontraba. Hasta que un día al fin la vi. No era una mujer, no era la religión, no era un ángel ni nada similar: era una película. Aquella película que había comprado hace años atrás, junto con “Hemingway y Gellhorn”, que nunca la vi, apareció nuevamente de casualidad. Medianoche en París era su nombre, ya había olvidado por completo que postergué mi cita con ella hace bastante tiempo. Prendí el reproductor, apagué las luces y empezó la función.

Antes de ver “Medianoche en París”, sentí que mi vida carecía de visión, no me imaginaba cómo sería mi vida dentro de 3 o 5 años, o cómo haría para conocer a otras chicas, ya que al terminar una relación de tanto tiempo me había acostumbrado a los horribles defectos de mi ex enamorada. Pero por una curiosa casualidad todo cambió cuando terminó lo que yo llamo “la película de mi vida”. Nunca voy a olvidar que los primeros 4 minutos de la película estuve en París caminando con un sonido de fondo hermosísimo. En el inicio de la película aparecen muchas imágenes de París con una canción instrumental de Sidney Bechet que se llama “Si tu vois ma mére” cuya traducción al español es algo similar a “Si tu ves a mi madre”. La película tenía muchas similitudes con mi vida, mencionaba a escritores cuyos libros habían marcado mi joven vida de lector; el personaje principal tenía una relación amorosa muy similar a la que yo pude tener: estar con una persona que te quita la creatividad en tu vida, que te hace perder la alegría y que te intenta contagiar la frivolidad que conlleva ser amante del dinero. Saqué muy lindas conclusiones después de ver “Midnight in Paris”. La más significante fue que no importa que tan fuerte o que tan larga haya sido la tormenta, al final siempre saldrá el sol para arreglar todo y para dar esperanzas. Sentí que podía cumplir todo lo que me había propuesto: tenía un semblante completamente diferente. Asimismo, esta película trajo otras consecuencias para bien, ya que me acercó mucho más a la lectura. Había encontrado a un Ernest Hemingway completamente diferente al que conocí en la película de Kaufman, que me hizo conocer a muchos libros escritos por una especie de corriente literaria desconocida para mí: “La generación perdida”. En la generación perdida me encontré con personajes que vi en “Medianoche en París”. Conocí a una simpática mujer que fue prácticamente su mano derecha de Hemingway: Gertrude Stein. Comencé a leer sus poemas y a interesarme en su vida. Después, seguí conociendo libros cada vez más interesantes como “El ruido y la Furia”, “Ulysses”, “Adiós a las armas”, entre otros. En un abrir y cerrar de ojos, había recuperado la alegría y los sueños que había perdido, por lo que siempre voy a admirar a Woody Allen, por haberme devuelto las ganas de querer cumplir mis sueños en mi realidad.

Un año después, me encontraba de nuevo en las aulas de la Universidad, cursando el tercer año de Derecho. Deduzco que he leído unos 45 libros. No me siento culto ni más inteligente que los demás, pero sí creo que leer me dio la facilidad de vivir en un mundo infinito en el que no existe ningún tipo de barreras. Había crecido muchísimo, con respecto a los conocimientos que tenía. Nunca me gustó compararme con los demás, pero mis compañeros de la escuela nunca leían absolutamente nada; es más, nuestras conversaciones eran bastante absurdas, ya que hablábamos de temas bastante comunes como el fútbol, recuerdos de la escuela o de mujeres. La gente de mi edad era muy fanática de aspectos banales de la vida, pude entender que mis padres quizás no me inculcaron la lectura, pero siempre me intentaron dar lo mejor. Mientras yo estudiaba inglés otros chicos se sentaban a ver la televisión; cuando yo estaba en  la feria del libro, otros chicos perdían el tiempo en el cine. Es muy curioso como en un país tercermundista en donde todos quieren progresar no se quiera invertir en libros; es más puedes conocer muchas personas que se gastan muchos dólares en ropa o celulares no puedan gastar unos cuantos en un buen libro.

La generación perdida siempre va a quedar grabada en mí por el resto de mi vida, ya que no solo me ayudaron en mi formación como profesional, sino también en los momentos más difíciles para mí. Ahora entiendo que existe una relación entre mi generación extraviada y las palabras de Getrude Stein. Lo que todos queremos es que no se cumplan las profecías de Gertrude, ya que una generación no se debería perder, a menos que sea una generación como la camada de Hemingway y Fitszgerald. Lo que siempre debemos de recordar es que un país que lee siempre será un país que piensa, cuestiona, crece, educa y nunca olvida.ernesthemingway

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